Venderse como puta barata


Venderse como puta barata, equivale a lo que el máster Leopoldo Alas Clarín, denominó la falsa gárrula de la filantropía moderna para aprovechar la alianza nefasta con el poder —y trabajada en complicidad recíproca— mediante una gruesa costra ideológica de metafísica. Mejor remedio para soliviantar (y no enfrentar) los problemas pragmáticos de una sociedad que al tambalearse se le saca provecho personal a las conmociones que se sufren. Y así es su gandallez, como la degenerado que se aprovecha de una mujer completamente ebria para saciar sus apetencias lúbricas.

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