Eva Sánchez Jordá


Recuerdo bien que yo llegué a su página «güeb», una vez, por merititita casualidad; después fui visitándola tímidamente pero sin arrobos, luego muy seguidamente; algunas veces hablábamos poco, otras con más mucha muchedad. Desde enero, se supone, en el mismo idioma, a veces lunfardiando, dando y recibiendo clases de español, ese idioma extranjero. ¿Se trató la cosa —entre nos— de bifurcaciones? Idonowlosé. Sé que aparecimos en múltiples callejones sin salidas, es decir, con las penas existenciales en orden, siempre listas, peinadas para atrás y con un rodete a medio desarmar, con mechones cayendo y enredándose, de nuevo, en las palabras, en nuestros cuerpos, sudorosos, gelatinosos y resbaladizos ad infinitum.

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