Susan Sontag

«Rimbaud ha ido a Abisinia para enriquecerse con el tráfico de esclavos, Wittgenstein, después de desempañarse un tiempo como maestro de escuela en una aldea, ha optado por un trabajo humilde como enfermero de hospital. Duchamp se ha dedicado al ajedrez. Al mismo tiempo que renunciaba de manera ejemplar a su vocación, cada uno de estos hombres proclamaba que sus logros anteriores en el campo de la poesía, la filosofía o el arte habían sido triviales, habían carecido de importancia» [Susan Sontag, La estética del silencio, página 16].

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