30 de agosto de 2012

Luis Humberto Crosthwaite / Y luego dicen que no me acuerdo de los compas

"Han pasado tres meses desde que pidió permiso en el periódico para escribir un libro que se supone tenía en la punta de los dedos, listo para ser pasado a la computadora y ser enviado a una editorial para su publicación. ¿O lo corrieron del periódico? ¿Lo corrieron por no entregar nada a tiempo, por no escribir lo suficiente? Cómo explicarlo. Ismael tiene esta idea de escribir sobre el detonante de la crisis, sobre ese momento que fue la gota que derramó el vaso, la muerte de Sergio Adrián. El problema es que la idea se encimó sobre sus responsabilidades cotidianas, asistir a los partidos o verlos por la tele, escribir la nota. Su editor fue el primero en mencionarlo y no fue nada gracioso al hacerlo: “Aliviánate,cabrón. Te puedo proteger pero sólo si te alivianas. A la hora que el viejo se fije en tus desmadres yo me hago patrás y que te lleve la chingada”. Eso se llama so-li-da-ri-dad, como la rola de los tiempos del ojete de Salinas (el dios pelón a quien le valimos madres). Ismael hizo lo posible por continuar, asistió a esos partidos, se comportó como el reportero estrella que sentia que era. Se vio con sus compas en las cantinas para hablar sobre los resultados (Baltazar Dominguez, Omar Nieto), pero lo seguía la sombra de esa idea, la idea de que podría escribir un libro, un libro que podría vender mucho, un libro que lo haría famoso. Un puto libro." Luis Humberto Crosthwaite Y luego dicen que no me acuerdo de los compas, si están por todos lados los cabrones...

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Tijuana es el culo de San Diego, es uno de los tantos retretes, tafanarios y bacinicas que tiene California. Dónde todo mundo se cree poeta ...